Prosperidad, riqueza, bienestar. Tal cual, con estos tres términos,
define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el
término abundancia. Sin embargo, no es que esté inconforme con esta
definición, que es cierta, sino que considero que su alcance es corto si
lo comparamos con la verdadera magnitud que tiene esta palabra desde la
perspectiva de las escrituras.
Tan corta me parece la visión sobre este asunto que antes de
compartir contigo lo que el Señor me ha revelado sobre el tema, a través
de su palabra, quiero contarte primero sobre los equívocos alrededor de
la abundancia.
El mismo diccionario dice que abundancia es en gran cantidad,
copiosamente. Por eso creo que se confunde tan fácil la abundancia con
el exceso, con lo sobrado y hasta con el desperdicio. “Nadar en la
abundancia” es una frase coloquial que puede usarse al hablar sobre una
persona que posee más dinero del que puede gastar.
Este es mi punto: ¿es la abundancia tener más de lo que podemos
gastar, necesitar o administrar con sabiduría? Aunque se me vayan encima
muchos expertos en doctrinas extremas sobre la prosperidad, debo
decirte con absoluta franqueza que no.
¿Cuál es entonces la perspectiva equilibrada y real que Dios quiere transmitirnos y cómo podemos orar por abundancia? Un buen comienzo para entenderla es considerar este pasaje de las escrituras: “Y
poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin
de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis
para toda buena obra”. (2 Corintios 9:8).
Abundancia es tener todo lo que nos es necesario para lograr algo.
Dicho de un modo más sencillo, es provisión con propósito Si tienes
abundancia es porque Dios quiere, porque desea que cumplas un propósito de Su
reino con los recursos provistos. Si aún no ves la abundancia quizás
necesitas tener propósitos claros en tu vida para que ésta llegue con
plenitud. Un poco más adelante del versículo que ya cite dice 2 de
Corintios: “Y el que da semilla al que siembra y pan al que come,
proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de
vuestra justicia” (versículo 10).
Sí, Dios quiere una vida abundante para ti. Quiere que tú y los tuyos
tenga abundante alimento que los sostenga y les permita deleitarse,
pero se entristece cuando algunas familias caen en el vicio moderno de
las comidas poco saludables y engordan sin control hasta enfermarse.
Dios desea que seas abundante para que puedas tener todo lo que
necesitas para hacer más efectivo tu paso por la vida pero desaprueba la
acumulación de bienes sin causa y las posesiones que sólo buscan
exaltar el ego.
La abundancia fluye sobre nuestra vida sin obstáculos cuando
comprendemos que somos mayordomos de Dios, administradores de sus
riquezas que sostendrán nuestra vida con regocijo en la medida en que
entendamos que Él es el “dueño del oro, de la plata y de las demás
riquezas del mundo” como nos declara la Biblia. Así serás abundante y
serás libre de la pobreza, porque quien sirve a Dios sirve al Rey de reyes y Señor de señores. ¡Nunca pierdas de vista eso!
Orando por la abundancia de Dios
Señor, hoy reconozco que eres el amo del mundo y de todo lo que
en él existe. Reconozco tu señorío sobre todo y sobre mí. Hoy te pido
que me concedas la sabiduría y la capacidad de ver con mis ojos
espirituales los propósitos que tú deseas que yo cumpla en tu nombre;
desde los más básicos para mí vida y la de mi familia, hasta los más
amplios que benefician a muchos. Gracias Dios por librarme de la
pobreza. Gracias por darme y proveerme con la generosidad de la que sólo
tú eres capaz. Declaro sobre mí y sobre los míos la abundancia que
viene de ti, que nunca añade tristeza y que es multiplicada y nunca
mermada. Amén.
CARLOS ANDRÉS GALLEGO

En la primera parte de este artículo sobre el gozo expliqué
qué es el gozo y su importancia en la vida de todo ser humano; describí
también que todos los seres humanos hemos experimentado situaciones
dolorosas y las continuaremos experimentando y que el gozo es lo que nos
da la capacidad para enfrentar ese dolor.
Quisiera en esta segunda parte compartir un momento inolvidable en mi vida:
Recuerdo cuando confesé mi pecado de adulterio por primera vez.
Había pasado varios días encerrado, totalmente aislado, llorando, no
hallaba refugio para apagar mi dolor. Tenía una condenación tan grande
sobre mí, la culpa y la vergüenza me estaban matando, al punto que el
suicidio estaba dentro de las alternativas que estaba considerando para
apagar ese dolor tan fuerte.
Gracias a Dios, hubo alguien que estuvo dispuesto a bajar al fondo
del pozo en el que me encontraba, en el que yo mismo me había metido.
Esa persona fue Mickey Evans. Ese hombre me escuchó durante varias
horas, me amó, no me condenó, no me predicó, sino que lloró conmigo y me
invitó a abrir totalmente mi corazón al Señor y decirle claramente la
manera como me sentía. Se involucró profundamente con mi dolor, me
abrazó y no me trató como el leproso que en aquel momento era ante los
ojos del mundo.
Eso era precisamente lo que yo necesitaba en ese momento; alguien que
fuera una manifestación de la gracia de Dios a mi vida. Necesitaba de
alguien que me dijera que todo iba a estar bien si no huía de Dios y que
me tomara de la mano y caminara conmigo hacia la salida del pozo.
Recuerdo que me animó diciéndome: “Jaime, si confiesas tu pecado, Dios es fiel y es justo para perdonarte tus pecados y limpiarte de toda maldad.” Ese fue el primer paso hacia mi sanidad y libertad.
Lo que experimenté con Brother Mickey se llama gozo. Una persona
que, a pesar de la confesión tan terrible que estaba escuchando, decidió
demostrarme que me amaba y que no me iba a rechazar, sino que iba a
caminar conmigo en un proceso de restauración y sanidad de todas las
heridas que había causado a mi familia y a mí mismo.
Pero es triste ver cómo muchas personas que no conocen la verdadera
gracia de Dios, añaden condenación y culpa a la condenación y dolor de
aquellos que están sufriendo. Días después de ese momento con Brother
Mickey, confesé mi pecado a otras personas y lo que recibí a manera de
respuesta fue más condenación y vergüenza a través de amenazas, muchas
de ellas “sustentadas bíblicamente.” Recuerdo escuchar cosas como “la
Biblia dice que las consecuencias del adulterio son…”, “claro, todo esto
te está ocurriendo por ser un desobediente… un rebelde…”. Aclaro algo,
todas estas son verdades que yo conocía perfectamente, pero no me eran suficientes para enfrentar mi dolor y cambiar.
Querido lector, te invito a que busques personas que puedan ser
instrumentos de gozo en tu vida. Personas que, a pesar de todo lo que
saben de ti, tengan suficiente gracia disponible para darte, que no te
condenen, sino que te amen lo suficiente como para caminar contigo a
través del dolor y/o de las consecuencias de tu pecado. Personas con
las que puedes ser totalmente honesto, con las que puedes abrir tu
corazón de par en par, y te amen a pesar de todo. Estos “instrumentos
de gracia”, junto con una relación muy honesta e íntima con Dios, te
darán la capacidad para enfrentar cualquier situación difícil que estés
viviendo. Yo soy un testimonio vivo de esta verdad.
JAIME GARCIA

Lo opuesto al dolor del alma es el gozo. El gozo es
relacional; es decir, se produce por medio de relaciones. Gozo es lo
que una persona siente cuando otra le demuestra que le agrada estar con
ella. Por ejemplo, gozo es lo que yo siento cuando llego a mi casa y al
cerrar la puerta, salen de cualquier parte mis tres hijas y vienen
hacia mí gritando ¡papi!, ¡papi!, con sus brazos extendidos hacia
adelante y me abrazan con mucha fuerza. Estas nenas me demuestran con
todo su ser que les gusta que yo haya llegado, que les gusta pasar
tiempo conmigo. Es posible decir que el gozo se siente como paz,
tranquilidad, plenitud.
Gozo es ser el destello de luz en los ojos de alguien. Yo puedo
decir que siento gozo cuando alguien me demuestra que le agrada estar
conmigo, a pesar de mis debilidades, a pesar de todo lo que conocen de
mí que no es o no ha sido bueno.
Si el gozo sólo se encuentra a través de las relaciones, quiere decir
que puedo encontrar gozo en mi relación con Dios y con otros seres
humanos significativos en mi vida. Gozo es lo que yo siento cuando me
acerco con confianza a mi Señor, sabiendo que no me rechaza, que me ama
tal y como soy, y que anhela también estar conmigo. El salmo 16:11
dice: “En tu presencia hay plenitud de GOZO; delicias a tu diestra por siempre.”
La máxima fuente de gozo, la cual es inagotable, está en la presencia
de Dios. Es ahí cuando me siento seguro y que nada me puede hacer
daño. Nehemías 8:10b dice: “No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.”
¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE EL GOZO?
Algunos seres humanos han vivido experiencias dolorosas muy fuertes y
no tienen la capacidad para enfrentar y resolver lo que les ocurrió. A
cambio de esto, huyen de las situaciones, refugiándose del dolor y esto
es lo que denominamos una adicción.
Normalmente, al haber dolor, la tendencia de todos nosotros es a
aislarnos de todos, sobre todo de las personas más significativas en
nuestra vida y aún de Dios. El problema del aislamiento
es que es imposible obtener gozo sin relacionarnos con nadie y el gozo
es lo que nos provee la CAPACIDAD PARA ENFRENTAR EL DOLOR. Así es de
importante el gozo en nuestra vida.
Una relación íntima y estrecha con Dios nos provee suficiente
capacidad para resolver los dolores no resueltos de nuestro pasado y
nuestra comunicación con Él es la base de todo este proceso, ya que
nuestra restauración y sanidad serán hechas por Su mano. Será Su amor,
gracia y misericordia lo que nos ha de sanar y liberar. Y Él, en Su
soberanía y amor infinito que nos tiene, puede operar sanidad en los
corazones heridos a través de Su Espíritu Santo ó a través del Cuerpo de
Cristo, Su iglesia. Es por eso que tenemos que aprender a
relacionarnos con otros.
Te pregunto algo: ¿De 1 a 5, cómo calificarías tu relación con el Señor?
En la segunda parte de este artículo, expondré más detalles acerca del gozo.
JAIME GARCIA
Si deseas saber más: ENCUENTRA-ESPERANZA.COM